Tuve una hermosa pesadilla.
Yo era un ángel caído, un ángel de alas rotas y tú te frotabas la cara en los pelitos y aún se adherían a ellas. Eras como un cachorro feliz, como solo pueden ser los cachorros. Habías perdido a tu ama y ahora te tropezabas conmigo, que no era igual, que siquiera me parecía, pero que tenía la piel suave y cálida y ese plumaje -oh, si- ese plumón desmadejado que podrían haber sido alas, dónde era tan agradable revolcarse. Te ame y me amaste, el mundo, de pronto, éramos solo tú y yo y nuestro amor.
"No recuerdo haber volado nunca" quise decirte entonces, pero tuve miedo de siquiera insinuarlo, parecías tan feliz, tan despreocupada, tan conforme con tan solo disfrutar de esa calidez... Me callé y te condené a la eterna espera de verme volar, hasta que esa espera se fue comiendo poco a poco nuestras vidas.
Entonces desperté, dormías a mi lado, tan solo una persona a la que apreciaba, sin amor, sin compromiso, sin arraigo, sin futuro, sin decepción, sin tristeza. Sonreí, soló una pesadilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario