Te descubro -redescubro- en mis manos, en un gesto volátil, genética contundente.
La naturaleza me dió fracciones certeras, tu pelo, el de la abuela -poco pero siempre el mismo- hoy son guedejas arbóreas, te reirías, o dirías "sale a su madre".
Te equivocas.
Yo salgo a lo contrario, a lo erróneo y equivocado. salgo a metralla y a luna pálida, a sed de orfandad y a silencio... pero no hablábamos de mi.
Tú, desconocido, casi una década después me doy cuenta de tu rapto,
Y no importa, créeme,
Te debo tantas lágrimas...
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